Participar, escuchar, y también resolver

Mercedes recibió al Presidente Díaz-Canel en la puerta de su casa. «¡Va para la casita de Mercedes!», decía la comitiva de personas que a esa hora temprano del viernes le seguían el paso al Jefe de Estado por la comunidad El Bejerano, en el municipio artemiseño de Alquízar.

La anciana, bien dispuesta y hermosa, lo invitó a pasar como si de un vecino se tratara. Le mostró su sala, la cocina, el pequeño cuarto. Todo era nuevo, gracias a un subsidio que había recibido del Estado cubano para levantar su vivienda. Pero a ella lo que de verdad le interesaba enseñarle era un tesoro, dijo, que tenía guardado: una foto de Chávez y Fidel. Allí, en lo más humilde de la comunidad, una mujer agradecida volvía sobre la impronta del Comandante en cada poro del país.

Hasta la comunidad El Bejerano había ido el Presidente de la República para ver con sus ojos las transformaciones que se viven en uno de los 38 asentamientos vulnerables de la provincia de Artemisa, donde organismos de la Administración Central del Estado, sistemas empresariales y vecinos, se juntan para mejorar sus condiciones de vida.

En la escuelita primaria Javier Novo, en la que estudian unos 80 niños de preescolar a sexto a grado, estuvo Díaz-Canel, acompañado por el secretario de Organización y Política de Cuadros del Comité Central del Partido, Roberto Morales Ojeda; el viceprimer ministro, Alejandro Gil Fernández; y el coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución, Gerardo Hernández Nordelo.

Allí conversó con las autoridades del Consejo Popular sobre el proceso de rendición de cuentas que ahora se está desarrollando; sobre los planteamientos de la población con años sin respuestas, como la construcción de una acera que ahora se ejecuta; y de tareas pendientes en la comunidad, entre ellas la electrificación y la parada de la guagua.

Luego de ver una clase de Educación Física, en la que los pequeños hacían ejercicios sobre una superficie asfaltada, el mandatario retomó la idea de mirar también hacia las aspiraciones de los niños y jóvenes en las comunidades y la necesidad de construir para ellos lugares donde hacer ejercicios, terrenos para jugar pelota o futbol, y parques infantiles.

En su recorrido, Díaz-Canel visitó el consultorio médico que recibe mantenimiento constructivo a cargo de una empresa del territorio; conversó con el personal de Salud que allí labora y les pidió ejercer control sobre los trabajos que se ejecutan; conoció que el municipio de Alquízar — luego de que en los meses de julio y agosto la COVID-19 causara estragos— hoy no tiene casos positivos, su población vacunada está casi al 88%, y todos los niños están inmunizados.

De ahí cruzó justo al frente donde está enclavada la bodega de El Bejerano, también en constante ajetreo constructivo. El Presidente, en diálogo con las autoridades locales, con los encargados de las labores y con la población, se refirió a que no se pueden volver a acumular los problemas en los barrios y a la necesidad de hacer sostenible todo cuanto se haga en estos espacios vitales para el país.

Habló de vincular actores estatales y privados en esas transformaciones; de generar momentos para que la población emita sus criterios y controle lo que se hace; y de mejorar — además de viviendas, escuelas, consultorios médicos y bodegas — el entorno de los barrios.

En conversación con una de las vecinas del lugar, insistió igualmente en la urgencia de que a las personas en situación de vulnerabilidad se les ponga en las manos la posibilidad de trabajar, como vía primera, más efectiva y emancipadora, para salir de esa situación.

En la visita de este viernes a Artemisa, y como ha estado haciendo en las últimas semanas por Guantánamo, Granma, Matanzas, Mayabeque… el Jefe de Estado recorrió la finca 154 de la Granja Urbana, perteneciente a la Empresa Agropecuaria Alquízar, que se encuentra en plena campaña de siembra de papa.

A pie de surco compartió con sus trabajadores sobre las 63 medidas aprobadas para incentivar la producción de alimentos que han significado un golpe de timón en el sector,  pero aún no despegan del todo y se espera mucho de sus frutos.

En los suelos rojos de Artemisa se sembrarán unas 600 hectáreas de papa, buena parte de ellas con semilla nacional que ha mostrado buenos rendimientos: otra apuesta de Cuba a su soberanía. 

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Author: Leticia Martínez Hernández

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